Desde la Habana, por la CASIKA

Desde Cuba nos enteramos con gran consternación que peligra la vida del CSO la CASIKA de Móstoles. Sabemos que por allí han dado sus primeros pasos algunos amigos nuestros del alma, personas que lo han sido, justo por vivir allí la alternativa al aburrimiento que significa ir de la casa al trabajo y de la casa al trabajo.

Muchos de ustedes pueden pensar que en Cuba tenemos todo resuelto, que la esclavitud salarial caerá por su propio peso. Si es así se equivocan. Justo ahora la juventud empieza a desear las promesas de ese mundo que ustedes cotidianamente aborrecen.

Carros que la gente solo puede utilizar el fin de semana. Hipotecas de 30 años sobre casas en las que no habrá vida, porque no habrá gente, porque estarán trabajando. Viajes a destinos turísticos de los que se quiere volver a la comodidad del trabajo para no darse cuenta de que la forma en que disfrutas tu “tiempo libre” ha sido fabricada en serie.

Esto es lo que quiere la mayoría de la juventud cubana. Pero no es porque los jóvenes cubanos seamos menos postmodernos que sus pares Españoles. A la generación del 80 le prometieron un país con metro, como si eso fuera garantía de una vida plena.

Es que acá en Cuba no tenemos lugares como la CASIKA en los que dar conciertos de rap, montar exposiciones de artes plásticas, hacer video debates sobre películas de Eisenstein o conversatorios con los que hacernos un mundo nuevo.

Nuestra fuerza de trabajo vale tan poco que no podemos ayudarles de la manera en que quisiéramos. Ni siquiera el Capital se ha encargado de añadirle valor.

Lo que se sale del camino marcado por el poder siempre termina en el basurero de los sueños postergados. Pero eso no será siempre así, solo basta con que empecemos a reconocernos como iguales ante ese 1%.

Pero todo sería infinitamente más sencillo si tuviéramos un CSO. Por eso queremos hacerles llegar este consejo:

Defiendan con los dientes a la CASIKA.

Esa puede ser la semilla de la revolución que está a la vuelta de la esquina.
De la que esperamos nos lleguen ondas expansivas que nos permitan ir al campo desnudos para leer o para quemar el dinero.

Que el aire se llene de olor a combate. Den una gran batalla, de ideas. Este es el momento de probar que merecemos la sociedad que pensamos. Que el apoyo mutuo diga la última palabra.

Desde la capital de una isla flotante, Taller Libertario Alfredo López.

 

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